La uñas todavía no me crecen y ya están llenas de mugre, ¡QUE ASCO!, ¡QUE MIERDA EL MUGRE!, ¡GAS!, odio el mugre, odio su cara, la odio, la quiero matar, solo porque no me lo dio, pero yo lo quería, para mi, y ella dijo ¡NO!, dijo no la muy puta, la odio, la odio por estar por encima de mi, pero el tiempo cambia todo, quedo yo arriba y ella abajo, yo por encima, si, y no será mucho tiempo en el que saldré de acá y la dejaré vieja y sola que se pudra en una silla mecedora con una vaga duda de si alguna vez tuvo un hijo.
MALO
enero 29, 2008Monk
enero 9, 2008Las arañas negras y arrugadas recorren de arriba a abajo y rapidamente los baldosines blancos y negros, mientras el mundo triste raya el cerebro de los que odian sufren y aman. El mundo triste se acaba, las arañas se han detenido, los gritos de dolor de las manos inundan el pequeño cubo de concreto. Y el viejo demiurgo se pone de pie dandole luz a todo con sus lamparas de hueso. En su cabeza sólo estan los colores del próximo mundo. Reposa, las manos dejan de gritar y la maravilla de la cración empieza de nuevo.
La oda glu glu (leer en voz alta)
diciembre 20, 2007
Vos, sagrado, intocable.
Vos que liberás a las mujeres y ridiculizás a los hombres.
Vos que nos entregás al movimiento tambaleante de nuevos amores y poderes desconocidos.
Tu sabor anisado conocido por muchos, y cambiante como cambiantes son los rostros que lo entregan, nos envuelve en un baño caliente de ultra mundo.
Vos que nos hacés más o menos, vos que liberás por igual lágrimas y besos.
Vos no sos dios, vos no sos el diablo, vos sos el cristalino néctar de la verdad. Sos el fuego que quema por igual garganta y cerebro, sos el portal al mundo real que nos escupe en la cara gargajos verdes donde nos vemos como realmente somos.
Vos sos el único, el infaltable, el amigo, el enemigo, la vuelta de pagina.
Vos sos el boso que ellos no tienen y la erección que otros tantos no mantienen.
Vos sos la puta, la única que se entrega a nuestros deseos, la única que le da por culo a nuestros pensamientos y nos dice que somos basura.
Vos sos la amante inexistente, la zorra perfecta, el brillo en los ojos del muerto.
Vos sos.
La blanca puerta de salida.
Cuento IX
diciembre 4, 2007Mientras el “Just a gigolo” de Monk pinta las paredes de un azul esmaltado yo sigo perdido en mi insomnio, no puedo dormir desde hace dos semanas, duermo solo una hora cada día, el resto del tiempo lo paso sentado en la cama escuchando a Monk y a Ellington, esperando impacientemente a que llegue el momento, a que llegue mi fin, a que mi madre entre por esa puerta con un cuchillo en sus manos para quitarme la vida, poseída por esa locura que la embarga desde hace varios meses. Pobrecita, la muerte de mi hermano no la ha dejado descansar en paz, ella parece estar bien, ante todos se muestra tranquila, habla con calma y casi no se le encharcan los ojos. Pero yo la he escuchado, muy tarde en las noches, repetir pasito ese nombre, el nombre mi hermano. Lo repite una y otra vez, con un hilo de voz temblorosa, y en las mañanas se despierta como si nada, incluso sin rastros de haber estado llorando. Hace quince días la encontré mirando fotos de cuando mi hermano y yo éramos pequeños, tenía en su rostro un gesto muy inusual, no era de tristeza, ni de melancolía, yo me acerqué, la abracé y le di un beso en la frente, ella siguió mirando las fotos sin espabilarse. Cuando salí de la habitación escuche que dijo en un tono de vos muy bajo, tan bajo como la respiración de una mosca: debiste haber sido tú.
Esto me afectó mucho, estuve pensando mucho en sus palabras, “debiste haber sido tú”, “debiste haber sido tú”; no podían significar otra cosa, desde ese día la trato con cuidado. Ya casi no hablamos, el silencio y la indiferencia se han tomado la casa, una atmósfera pesada y tensa ronda cada espacio de este minúsculo apartamento, somos como dos fantasmas que ocupan el mismo espacio y tratan de no encontrarse. El otro día la vi observando un cuchillo de la cocina con un gesto demente, lo miraba atenta, abstraída en su forma; le pregunté en que estaba pensando, y me dijo que en nada, que solo pensaba, que estaba bien. Pero sus ojos decían lo contrario, sus ojos revelaban la locura y el odio, revelaban a ese fantasma demente que ronda por la casa con la cabeza llena de quien sabe que porquerías. Desde ese día no puedo pensar en otra cosa que en la idea de que mi madre quiere matarme, todas las noches lo mismo, el mismo susurro diciendo su nombre. Desde hace varios días ha empezado a rasgar algo con las uñas, lo escucho bien, no se que sea, he buscado en su habitación pero no veo las marcas en ninguna parte, no se que pueda ser, no importa, la verdad es que ese sonido y sus susurros retumban en mi cabeza haciendo eco todas las noches, un eco duro e incesante. Por eso no duermo, el miedo golpea como una pequeña aguja en mi cerebro y la impaciencia me mantiene despierto. Esta noche es igual a las demás, su desquebrajada voz repitiendo una y otra vez el nombre. Esta noche ella va a matarme, lo se, lo siento, lo vi en sus ojos antes de que se fuera a la cama, la forma en que frunció la boca delató sus oscuros propósitos. Pero ella no sabe que lo se, ella no se espera que yo entre primero, no se espera que me adelante a su plan. Salgo silenciosamente de mi habitación, todo esta oscuro, solo las leves luces del alumbrado navideño que hay fuera de la casa me ayudan a ubicarme un poco, camino a la cocina y tengo suerte, ella todavía no ha tomado el cuchillo, lo empuño con fuerza, y midiendo mi respiración camino despacio hasta su cuarto, abro la puerta con cautela, veo un bulto que respira, los susurros se hacen más fuertes en mi mente al igual que el sonido que hace con sus uñas. Con un movimiento rápido la tomo por la cabeza mientras con los pies sujeto el resto de su cuerpo, ella me mira con pánico, tapo su boca, se mueve demasiado (es sorprendente cómo el miedo nos da más fuerza), suelta algunos alaridos ahogados y lentamente corto su garganta, a medida que voy cortando sus ojos aterrados no dejan de verme, la sangre empieza brotar y me baña por completo, sus ojos ya no me miran, ahora esta muerta. No mas susurros, no más insomnio, me quito la ropa y me dispongo a dormir como no lo hago hace mucho tiempo.
Cuento VIII
noviembre 30, 2007Labios de papel tenía la costumbre de matar ratas en su casa y dejar los cadáveres en el piso, esperaba que eso asustara a las demás, gracias a esta estrategia las ratas veían su casa y pasaban de largo. Ojos de algodón pasaba desde las siete hasta las tres creando universos con grandes vacíos y saltos apresurados.
Labios de papel y Ojos de algodón no se conocían, tenían un solo universo común, el de los relojes colgantes donde no existe el tiempo. A veces se borraban las caras y se arrancaban pétalos de piel formulándose la eterna pregunta.
Labios de papel y Ojos de algodón murieron sin conocerse, Labios de papel veinte años antes que Ojos de algodón, pero aún así se encontraban y se mordían la boca cómo se mordería una nube rosada. Se encontraban al otro lado de los parpados, donde todo se impregna de baba, verdades y erecciones involuntarias.
Los ojos de Labios de papel estaban llenos de pinturas de Cezanne, de aliento suicida y senos pequeños. Sus manos hechas de hilos acariciaban las de Ojos de algodon con delicadeza, mientras que éste vomitaba colores que pintaban el universo, que le daban vida melancólica, vida de vodka.
Ellos se mordían los dientes y pintaban las vacas de verde con solo tocarlas.
Labios de papel y Ojos de algodón eran el uno para el otro, lastima que para labios de papel los relojes hubieran dejado de gotear.
Cuento VII
noviembre 21, 2007la ridícula música del circo suena duro
jajajajaja, dos, tres veces. se pintó la cara se la pintó como un payaso.
como un payaso de circo.
sí yo la vi, la vi que se la pintó toda la cara.
toda como un payaso.
y sólo, sólo se reía.
así: jajaja jajaja.
se la pintó toda la cara.
así como la de un payaso.
sí yo la vi.
y se reía .
sí, y fue muy bonito.
y después de que se pinto la cara.
ella .
que se había pintado la cara.
se bañó con la botella
y sólo gritó como loca
y yo no vi mas.
a mi me llevaron para que no viera eso.
a mi también.
a mi no.
yo si la vi.
ella gritó.
y después.
con una caja de fósforos.
se prendió a ella misma.
y gritó y gritó.
hasta que todo el pelo.
sólo se le pego a la cara como chicle.
y ya después.
ella ya no se movía.
eso fue lo único que vi yo.
yo si lo vi.
Cuento VI
noviembre 9, 2007Cuando conocí a Jhony le faltaba un ojo. Se lo habían sacado tres años atrás en un callejón de Los Angeles en extrañas circunstancias.
A Jhony le gustaba el mareo del tabaco y sentirse alegre en las mañanas luego de media botella de brandy.
Jhony tiene una adicción, las mujeres. Es todo un personaje entre las mujeres del medio artístico. Acostarse con jhony significa, para cualquier mujer con un poco de cerebro, ocupar una categoría importante; significaba la entrada a un selecto grupo de babosos snob con ínfulas de dios y delirio de poetas; lo cual en ese medio es muy valorado.
Hubo una mujer que un día tomo el corazón de Jhony con sus manos, lo exprimió hasta dejarlo seco y luego se lo trago. Dos semanas después todavía escupía pequeños pedazos de carne roja palpitante.
“esa mujer en vez de corazón tenía una granada presta a explotar en cualquier momento y destrozarla de adentro hacia afuera”, decía Jhony con mirada triste y voz firme.
Como Jhony no tiene corazón y tiene dinero no tiene mucho de que preocuparse. Jhony no siente miedo, nervios o amor. Jhony solo vive acostándose con mujeres, emborrachándose y escribiendo una que otra cosa que le viene a la mente. Son sus pensamientos los que lo han puesto en el pedestal don de esta ahora. Él no les ve mucha relevancia, pero para las focas que lo rodean están cargados de sentidos y significados que Jhony no ve por ningún lado.
A Jhony le hicieron una estatua, la verdad él no sabe por qué, no ve razón alguna para que le hagan una estatua, no le gusta. La única razón por la que Jhony fue a la inauguración de su estatua fue el pensar en cuantas mujeres había dispuestas a pasar con él una semana sin salir de la habitación del hotel.
Jhony es mi padre, y lo odio, lo odio como a nadie, lo odio incluso más que a la carne muy cocida o al papel higiénico barato. Como lo odio lo voy a matar voy a sacarle el ojo que le queda y a partirle las piernas en varias partes, le voy a arrancar el pelo y los dientes, y cuando este por morir lo voy a encerrar en un pequeño closet para que sepa cómo me he sentido yo todos estos años.
cuento V
octubre 30, 2007Ahora sus pulmones se van llenando de agua. En cada sumergida usted trata de respirar pero solo consigue tragar mas agua. Bien, ahora vamos a la silla, sus munecas son atadas con fuerza al igual que sus pies, usted ya no se mueve tanto, ahora no le quedan fuerzas, ya esta exhausto, casi agonizante.
Esta era la parte que menos me gustaba al principio, despojarlo de su hombría me hace pensar en la mía. Si, esto es lo mas difícil. Y trato de llenar mi cabeza con cualquier cosa que me ayude a no oír sus gritos, pero es imposible. Descarga a descarga voy borrando de usted cualquier animo de seguir viviendo.
Nada
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Nada
!Que hable carajo!
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Nada
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!Carajo hombre abra la boca!, no entiendo por que insiste en quedarse callado, !diga algo!. No crea que me gusta hacer esto, es mi deber, mi trabajo. De su constante sufrimiento es del único lugar del cual se puede alimentar mi familia.
cuento IV
octubre 11, 2007Siete y Azul saltaban todo el tiempo, saltaban y comían, saltaban y cagaban, saltaban un abrazo, saltaban un beso. Siete y Azul siempre saltaban, Siete y Azul iban a bares y se emborrachaban, cuando Siete y Azul estaban muy borrachos se subían al monorriel 22 a vomitar desde lo alto las casas de los otros pobres como ellos.
Siete y Azul saltaban todo el tiempo, saltaban un beso, saltaban un Azul, saltaban un Siete, saltaban al ministro en las noticias. Siete y Azul saltaban tan alto que a veces se quedaban a dormir en las nubes, a veces, cuando Siete y Azul dormían en las nubes doradas se quedaban destrozándose la ropa y fornicando como animales.
Un día que Siete y Azul estaban en un bar Siete fue dado de baja por un metalero drogado con metanfetaminas y marihuana. “El metalero corrió hacia él sin razón alguna y con un movimiento hábil y agresivo le saco los intestinos”, dijo Azul en la declaración que tuvo que dar en los telenoticieros.
Desde que a Siete le sacaron los intestinos, Azul no volvió a las nubes, ahora come ensalada y corta la carne con tenedor y cuchillo.